jueves, 4 de agosto de 2011

Hablemos de mucho sobre nada...


aveces creo que Tengo un problema, y estoy en el tercer paso para superarlo: La aceptación. Acepto que en cuanto conozco a alguien le someto al mayor estadio de idealización, y a medida que le voy conociendo y haciéndole más humano, se cae de ese pedestal en el que le he colocado, y llego a creer que me ha defraudado. ¿Pero defraudar, por qué? Si ni siquiera antes le conocía. Pocas personas que he idealizado en un principio siguen siendo como eran, creo que ninguna, pero no importa porque no he dejado de quererlas en ningún momento. Repito, es un problema mío, no de los demás.


También me pasa cuando sé que algo puede pasar, y preparo todo, me corrijo, no es que lo prepare, es que, inconscientemente, mi cabeza me juega la mala pasada de que se me amontonen multitud de escenas y palabras para que me deleite y me enamore antes de que ocurra... ¿el qué? Nada.


Hace muy poco que he dejado de creer en las no-casualidad en eso del destino, y me alegro, porque no hay nada más pasivo que esperar a esa buena suerte que no existe. Las casualidades hay que crearlas como diría un amigo mío, y hay que echarle huevos, como digo yo (vaya frase más poco estética, ahora que lo pienso), porque o si no, como diría Calamaro: La buena fortuna pasa de largo.